Japan Tent: el programa que me permitió, como dominicana, vivir con una familia japonesa

Por Carolina Pichardo

Ese sábado me levanté cerca de las 6:15 a. m. Tenía una cita imperdible quince minutos después. Doblé en tres partes el futón, me vestí y salí a la sala. Allí, la señora Keiko me esperaba con la televisión encendida. Pocos segundos antes había comenzado un programa de ejercicios que forma parte de la rutina matutina de muchas familias japonesas:ラジオ体操 (rajio taisō). Durante décadas, miles de japoneses han practicado estos ejercicios matutinos de estiramiento antes de comenzar sus labores. Son transmitidos diariamente, a la misma hora, a través del canal público japonés NHK.

Un par de horas después, uno de sus nietos, Chihiro, mi nueva hermana Thu Thu, de Myanmar, y yo jugamos Bōzu Mekuri, un juego de cartas japonés basado en una antología que reúne cien poemas escritos por cien poetas. Allí ganó el pequeño Chii, como le dicen de cariño, provocando la risa de los demás miembros de la familia.

Estas son solo un par de las actividades que viví durante cuatro días con una host family, o familia anfitriona japonesa, como parte de Japan Tent, un programa de intercambio para estudiantes internacionales en Japón.

Soy una dominicana que estudia y vive en Tokio y, después de casi dos años en una de las metrópolis más tecnológicas y pobladas del mundo, me tocaría experimentar por primera vez cómo es la vida dentro de una familia tradicional japonesa. El recorrido se inició en la estación de Tokio y terminó en Kanazawa, en la prefectura de Ishikawa, a unos 450 kilómetros de la capital

Después de la ceremonia de orientación, en la que participaron 130 estudiantes internacionales, nos enviarían a diferentes ciudades de la prefectura para conocer a nuestras familias anfitrionas. Lo que nunca hubiera imaginado era que la familia que me acogería ya estaba en el primer piso, esperándome, y que era la misma a la que la organización había homenajeado durante la ceremonia de apertura.

Los Matsushita son una familia amplia, compuesta por tres generaciones:los abuelos Keiko y Titi; su hija Shana; y sus hijos Ichi, de 7 años; Chihiro, de 5 años; y la pequeña Toa, de 1 año. Esta experiencia la compartiría con Thu Thu, otra estudiante internacional de 22 años, quien es hábil en japonés.

Al principio estaba tímida debido a la barrera del idioma, pero al llegar a la casa sentí que esta sería una experiencia inolvidable. Poco después, fuimos al supermercado para comprar los ingredientes de una cena tradicional japonesa: sashimi, básicamente pescado crudo, que colocamos junto a algas y arroz para preparar una especie de sushi casero. Después de jugar con Toa y sus cartas de estimulación temprana, preparamos la cena juntos, como una familia.

Un recorrido por Noto

El día siguiente era viernes. La jornada también comenzó temprano, justo a las 5:30 a. m.  Ese día tocaba un paseo con los organizadores del evento y parte de los estudiantes que se quedaron en la ciudad de Kanazawa hacia la península de Noto, afectada por un terremoto de magnitud 7,5, que dejó un saldo de más de 732 fallecidos y cientos de miles de infraestructuras destruidas.

Pero, pese a la destrucción, que todavía puede verse en árboles caídos, carreteras irregulares y otras infraestructuras afectadas, poco a poco la región ha hecho lo posible por revitalizarse y atraer visitantes.

Una de estas iniciativas ha sido el rebranding del aeropuerto Noto Satoyama, que, desde el pasado 7 de julio de 2026, fue convertido en el primer aeropuerto temático de Pokémon del mundo, bajo el nombre Noto Satoyama Airport Pokémon With You, decorado con personajes de la franquicia.

Otras actividades buscan también movilizar el turismo. Entre ellas está la Agehama-shiki seien, una técnica artesanal y milenaria de fabricación de sal marina que cuenta con más de 500 años de historia y que actualmente se preserva de forma única en la península de Noto. También está el Museo de Teatro de Suzu, que conserva, investiga y exhibe el arte popular recopilado en esa ciudad

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Un sábado en familia

Retomando la crónica de cómo fue el sábado, después de los ejercicios de rajio taisō, el desayuno y el juego de cartas, nos pusimos nuestras camisetas de Japan Tent y la familia completa se dirigió hacia el 21st Century Museum of Contemporary Art, donde veríamos una exhibición por el aniversario de la caricatura Tom and Jerry.

Después almorzamos en un restaurante tradicional japonés. Por mi parte, comí udon frío, un plato tradicional japonés de fideos gruesos de trigo que es usualmente es un caldo caliente, pero que durante la temporada veraniega, comercializan en una versión fría, para combatir el calor. Luego fuimos a los Kenrokuen Gardens en Kanazawa, considerados como uno de los tres jardines más importantes de todo el país. También pasamos por un santuario japonés, donde utilizamos una moneda de cinco yenes para pedir buena fortuna, prosperidad y suerte para nuestros seres queridos.

El calor estaba fuerte así que fuimos por un helado y regresamos a casa. Cerca de las seis de la tarde, preparamos takoyaki, que generalmente son bolas de masa de harina rellenas de pulpo. Sin embargo, debido a que tengo alergia a este molusco, la familia adaptó el platillo japonés a uno que pudiera consumir con queso, atún, maíz y salchicha. Cocinar todos juntos, desde el niño de 5 años hasta la abuela de la familia, me hizo sentir, por primera vez en todo este tiempo, que tenía un hogar fuera de casa.

A todos los que les gusta el anime saben que en Japón el verano es sinónimo de fuegos artificiales. Y que también, algunas familias hacen su propio senko hanabi desde el patio de sus casas. Básicamente estos son palos de incienso que venden en supermercados japoneses, que, al momento de encenderlos, forman pequeños “fuegos artificiales”. Allí, desde la más pequeña hasta los adultos, disfrutamos encendiendo estas pequeñas “estrellitas” y formamos recuerdos que permanecerán conmigo por el resto de mi vida.

Pero la noche todavía no había terminado. También hicimos origami, un arte de origen japonés que consiste en doblar hojas de papel para crear figuras y esculturas tridimensionales sin utilizar tijeras ni pegamento. Allí creamos desde un pez hasta un rostro que cambiaba de emociones dependiendo de cómo movíamos la figura.

.El último día

El domingo era nuestro último día como familia. Luego de desayunar, fuimos al Ninja Weapon Museum, ubicado en el distrito de Nishichaya, en la ciudad de Kanazawa, donde se exhiben armas reales utilizadas por ninjas.

Fue una experiencia bastante enriquecedora porque pude ver por primera vez aproximadamente 160 artefactos, incluyendo zapatos para escalar paredes, anillos que se convertían en cuchillos y otros objetos utilizados para espiar y atacar.

En la tarde, ya nos tocaba ir al hotel donde se realizaría la ceremonia de cierre del evento. Allí nos reunimos los 130 estudiantes provenientes de diferentes partes del mundo. Compartimos nuestras vivencias y en todos los rostros se podía ver la nostalgia de saber que esta experiencia estaba a punto de culminar.

Durante el evento, la Secretaría del Comité Organizador de Japan Tent me honró como embajadora de la edición 2026, junto a otros jóvenes de diferentes regiones del mundo, desde Tanzania hasta Estados Unidos. Ahora tenemos como misión seguir promoviendo la cultura japonesa y dar a conocer las maravillas de Ishikawa y de nuestras host families entre nuestros amigos y familiares. Y de esto sí hay mucho que contar.

Fue una experiencia que compartiré siempre. La calidez, el amor y los valores que me transmitió la familia Matsushita los conservaré. Son la clara definición del concepto unión familiar.

Justo antes de culminar el evento, la organización preparó un matsuri, o festival tradicional japonés de verano, para los estudiantes. Bailamos, comimos y disfrutamos de esos últimos momentos juntos.

Ya a las 10:00 de la noche tuve que partir y, entre lágrimas y mucha nostalgia, la familia Matsushita me despidió. Desde el cristal del autobús, Chihiro, Ichi y Toa, junto a sus padres y sus abuelos, me decían adiós, con la ilusión de que no fuera una despedida definitiva, sino un hasta luego.

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¿Qué es Japan Tent?

De acuerdo con la página oficial de Japan Tent, se trata de un evento internacional de intercambio que invita a estudiantes internacionales de todo el mundo que estudian en diferentes partes de Japón a la prefectura de Ishikawa.

El evento es patrocinado por diversas agencias gubernamentales, empresas privadas y organizaciones de voluntariado. Japan Tent ofrece a estudiantes de muchos países la oportunidad de hacer nuevos amigos en un entorno hermoso y tranquilo.

La primera edición del evento, conocida en ese entonces como “Programa de Intercambio Estudiantil en Apoyo a Japón”, se celebró del 21 al 24 de julio de 1988. El entonces Príncipe Heredero y la Princesa Heredera de Japón, hoy Emperador Emérito y Emperatriz Emérita, asistieron al evento.

Los participantes de Japan Tent tienen la oportunidad de disfrutar del hermoso paisaje de la antigua ciudad-castillo de Kanazawa y de los atractivos de la región de Ishikawa. También pueden interactuar directamente con los habitantes de Ishikawa, conocidos por su sinceridad y hospitalidad.

Esta experiencia ocurre cada año y la convocatoria se puede hacer de manera virtual, siempre y cuando seas estudiante internacional en Japón y formes parte del listado de países elegibles para esta edición.

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