Por Alexis Almonte
Brasilia.- Llega este domingo en Brasil la hora cero para la definición del poder político durante el cuatrienio 2027-2931 con un choque de trenes en el evento más polarizado y enigmático en la historia brasileña.
No se vislumbra una definición y todo es enigma cuando suben al cuadrilátero Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro: las encuestas los presentan empate.
En la primera vuelta, el presidente de Brasil, líder histórico del Partido de los Trabajadores (PT) lucía a la zaga frente al senador del Partido Liberal, que le superó con 2.2 millones de votos, pero de ese tiempo para acá Lula aplicó una audaz estrategia atesorada por su veteranía política y fue acortando distancia hacia colocársele al lado cabeza con cabeza.
Incluso en algunas mediciones de firmas encuestadoras al echarse la paloma, Lula luce por encima de su contendor derechista.
¿Qué pasará este domingo? Es la pregunta que todos se hacen porque al salir los contendores de la pista hacia la meta cualquier cosa puede pasar.
Con 80 años, dicen que es la edad más avanzada para un candidato brasileño en la historia, pero los datos de esa misma historia señalan a Lula Da como el líder más carismático e importante del gigante suramericano.
Si prospera su reelección, será el brasileño al frente del mayor número de mandatos en el país, con cuatro mandatos.
Él y Gestulio Vargas son los únicos que han presidido tres gobiernos en la historia de Brasil.
De los tres gobiernos de Vargas, solo en uno agotó el plazo constitucional vigente. El primero fue provisional y el último concluyó con su suicidio de un balazo en el corazón en su despacho del Palacio del Catete en Río de Janeiro, que entonces era la capital del país.
Solo en uno de sus mandatos Luiz Inacio Lula da Silva se impuso en primera vuelta (en el año 2023 frente a Bolsonaro padre). Las otras dos la alcanzó en segunda vuelta.
Con la edad de 45 años, su ahora contendor Flávio Bolsonaro, ha sido el más joven entre sus otros competidores. Es el hijo de su archirrival Jair Bolsonaro, el presidente al que sucedió y que guarda prisión por un fallido intento de golpe de Estado para continuar en poder más allá de los límites constitucionales.
Cierre de campaña en Brasil

Con el reloj avanzando hacia la contienda cívica del domingo, Lula da Silva y Bolsonaro encabezaron los últimos esfuerzos por enamorar el electorado con las intenciones de votos parejas.
En víspera de la segunda vuelta, Lula y Flávio cerraron este sábado sus campañas con marchas multitudinarias en las que participaron decenas de miles de simpatizantes en los principales colegios electorales del país.
Lula lideró en la mañana una marea roja en la playa de Copacabana de Río de Janeiro y en la tarde viajó a São Paulo para poner el broche a su campaña con otro baño de masas.
Flavio Bolsonaro empezó la jornada emulando a su padre, al encabezar un paseo en moto por Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, gran estado bisagra del país y luego se trasladó a Río, su cuna política, en un acto simbólico que finalizó en la casa donde vivía su padre, hoy en prisión domiciliaria en Brasilia tras ser condenado a 27 años de cárcel por intento de golpe de Estado
Los gladiadores y sus últimos dardos verbales
Lula, sobre Flávio: «Les confieso que, después de tantas campañas en las que he participado, jamás imaginé disputar las elecciones con un mentiroso, un miliciano y una persona tan poco cualificada como este chaval».

Flávio, sobre Lula: «Lamentablemente, el actual Gobierno promete mucho y no cumple nada. Brasil ya no está dividido entre izquierda y derecha; todos están del mismo lado, que es el lado del cambio».
En víspera de la cita en las urnas, se publicaron las dos últimas encuestas electorales, con resultados que dejaron a ambos candidatos en empate técnico.
Los sondeos de Quaest y Datafolha, las dos firmas demoscópicas más importantes del país, mostraron a Flávio con el 51 % de los votos válidos frente al 49 % de Lula.
Una diferencia mínima que se considera empate técnico, pues está dentro del margen de error de ambos estudios, que es de dos puntos hacia arriba o hacia abajo.
Brasil lleva más de una década dividido entre el progresismo que encarna Lula y la ultraderecha que abandera la familia Bolsonaro.















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