Superlativos e hipérboles en las elecciones intermedias de Estados Unidos

Por Alexis Almonte

Las recién celebradas elecciones intermedias en Estados Unidos serán durante mucho tiempo un acontecimiento de especial recordación. 

Es el golpe más contundente contra un partido y presidente en ejercicio de Estados Unidos en los últimos 50 años.

En momentos en que escribo, el Partido Demócrata tenía en los bolsillos 54 escaños del Senado, que podrían aumentar, y otro holgado control de la Cámara de Representantes.

Independientemente de los resultados macros, hubo en el proceso toda una gama de acontecimientos dignos de atención, como la pérdida de otrora inexpugnables feudos republicanos, como los estados de Texas,  Kansas (donde reinaron durante 94 años) y Carolina del Sur.

También ocurrieron situaciones verdaderamente inéditas, como las escogencias en Nuevo México de la primera gobernadora indígena en la historia; en Nevada el primer gobernador afroamericano y en New Hampshire el primer senador abiertamente gay. Todos demócratas.

Gina Hinojosa se convirtió en la primera gobernadora latina de Texas, poniendo fin a treinta años de vigencia republicana y James Talarico pasó a ser el primer senador no republicano desde hacía casi cuarenta años.

Dicen que mientras la victoria tiene muchos padres la derrota es huérfana, y eso vuelve a manifestarse en esta debacle republicana.

En la primera declaración tras el desastre, el presidente Donald Trump se destapó con esta perla: “Yo no estaba en la boleta electoral y, de haber estado, ¡habríamos ganado por una aplastante mayoría!”.

Quizá por el aturdimiento y la perplejidad del golpe o probablemente por no chocar con una figura tan vengativa como autoritaria, nadie le ha respondido.

Solo el vicepresidente JD Vance pareció distanciársele cuando de repartir culpas se trata al afirmar categóricamente que “la razón por la que perdimos es la guerra”. ¿Se quería un enrostramiento más explícito?

Si bien hay silencio o medias voces entre las esferas de la alta dirección republicana, por debajo ha empezado el estruendo ante el desastre.

Busqué para retroalimentar estas reflexiones, algunas reacciones que ya han aireado algunos medios de comunicación.

La BBC recabó las opiniones de miembros directivos, funcionarios de campaña y aliados de la Casa Blanca que externaron, algunos de incógnito, juicios nada agradables ni indulgentes sobre la culpa de Trump en la derrota.

Otros fueron más claros y precisos y hablaron sin ambages, como Bill Miller, directivo de la estructura republicana en Texas, quien dijo que, “La responsabilidad es suya. No es de nadie más. Es un rechazo total y absoluto al presidente Trump”.

En Minnesota, el estratega republicano Gregg Peppin dijo que el desarrollo de la campaña “fue un error tras otro. Claramente, en muchos estados, a la gente no le gustaban las políticas del presidente”.

¿Qué depara este nuevo escenario creado por las recientes votaciones en la gobernanza y los hilos del poder político en Estados Unidos? He ahí una pregunta que a todos intriga e inquieta.

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