Mi pobre colegio de periodistas

Por Francisco Marte

Desde su fundación en 1991, el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) ha tenido dirigentes que, con aciertos y desaciertos, han intentado dignificar nuestra profesión, defender la libertad de prensa y lograr mayor reconocimiento para los periodistas ante el Estado y la sociedad, otros lo han convertido en su estilo y sustento de vida.

Pero hoy hay que decirlo sin miedo: nuestro colegio está en deuda con los periodistas. Desde el 2017 que inicié en el gremialismo desde el SNTP y luego desde el propio colegio he visto con preocupación una institución debilitada, con poca presencia de jóvenes periodistas, sin respeto y credibilidad, una sede prácticamente cerrada y sin que se perciba una visión clara de hacia dónde se quiere conducir al gremio.

La reciente asamblea del 5 de septiembre es un buen ejemplo de lo que debemos cuestionar. La información difundida en una nota de prensa sobre la actividad terminó destacando la comida, los regalos y el compartir. Mucho cerdo, mucho pollo y muchos regalos. ¿Ese es el mensaje que queremos proyectar sobre el periodista? Durante años hemos luchado contra la imagen de que el periodista es un profesional que vive de invitaciones, de un plato de comida o de una dádiva. Entonces, ¿por qué desde nuestro propio colegio seguimos alimentando ese estereotipo? Los periodistas de hoy necesitamos mucho más: defensa laboral, formación, protección, oportunidades, seguridad social, transformación digital, libertad de prensa y una institución que tenga voz frente al poder. No necesitamos un colegio dedicado a administrar actividades.

Necesitamos un colegio que lidere, proponga, defienda y transforme. Es lamentable que en la discusión de Nuevo Código Penal aún no se tiene claro la postura del gremio, muchas palabrerías bonitas, pero poca acción.

Y esto no es un ataque personal contra Luis Pérez porque sé que ha tenido sus luchas internas, cuando ha querido romper el esquema de quienes lo apoyaron para ganar de la forma en que “ganó” Es un reclamo institucional. Porque una gestión también debe evaluarse por los resultados y por la capacidad de romper con viejas prácticas. Lo mismo debemos exigir al del IPPP que lamentablemente a un año de gestión no puede presentar una acción concreta en favor de los colegas.

En el Distrito Nacional seguimos esperando una verdadera rendición de cuentas sobre la pasada gestión y lo que va de esta, ya que la tesorera renunció e hizo señalamientos graves que nadie ha respondido de los recursos administrados. La transparencia no puede ser opcional en ninguna institución gremial.

El problema del CDP no es solamente quién lo dirige, el problema es un modelo gremial agotado, donde muchas veces los mismos actores y las mismas prácticas terminan ocupando los espacios de decisión. Pero hay una verdad todavía más importante: El colegio no cambiará mientras los periodistas no decidamos cambiarlo. Tenemos que dejar de ser espectadores. Hay que participar, fiscalizar, exigir cuentas, presentar propuestas y ocupar los espacios gremiales.

Yo no quiero un colegio que provoque lástima, quiero un colegio que provoque orgullo. Un colegio moderno, transparente, democrático, fuerte y respetado. Un colegio donde el periodista pueda decir con la frente en alto: “Soy periodista y estoy orgulloso de pertenecer a mi colegio.” Ese colegio todavía es posible, pero para construirlo, tenemos que quitárselo a la indiferencia y a los que piensan pobremente en sus beneficios personales, para devolvérselo a los periodistas que queremos una verdadera transformación.

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