Una Feria para volver a pensar

Por Frank Núñez

Como actividad considerada la más trascendente en el mundo cultural de la República Dominicana, los organizadores de la Vigésima Octava Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026 harían una gran contribución a la vida nacional si otorgaran preferencia a las obras que promueven el pensamiento dominicano, en procura de crear conciencia sobre los complejos problemas que afectan a la sociedad, con secuelas patológicas que enrarecen las vidas de las nuevas generaciones, con un septiembre teñido en sangre, fenómeno ante los cuales la gente pensante, la intelectualidad en general, no debiera enterrar la cabeza como el avestruz.

La ausencia de un pensamiento crítico por parte de la intelectualidad dominicana frente a los problemas sociales comenzó en la década de los 90, con lo que se conoce como “el fin de la guerra fría”, que enfrentó durante casi medio siglo a las naciones socialistas con las capitalistas, resultando estas últimas ganadoras, sin que se llegaran a enfrentar en el campo de batalla. Fue cuando el teórico norteamericano de origen japonés Francis Fukuyama acuñó el término “fin de la Historia”.

Hasta los 90, la literatura dominicana, poesía, narrativa y muchas de las composiciones cantadas eran “de contenido social”. La creatividad estaba dirigida a sensibilizar a la población sobre los grandes problemas que afectaban a los pobres, frente al drama infantil y juvenil, para que en las familias más vulnerables naciera la esperanza de una vida mejor.

Fue el escritor Manuel Núñez, quien en su obra profética El Ocaso de la Nación Dominicana, incluyó un capítulo titulado “La traición de los intelectuales”. Y fue que muchos de esa élite pensante fueron asimilados por las ONGs promotoras de agendas globalistas, que ponían el interés internacional por encima del nacional, poniendo en peligro los valores de la dominicanidad.

El ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo, señaló entre los principales objetivos de esta Feria “consolidar un ejercicio de integración cultural lo más amplio posible”, que no sería efectivo sin el retorno de los creadores a propuestas de soluciones a problemas actuales.

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